03 Junio 2015

¿Derecho a morir?

Estudiante de Medicina UFT La eutanasia es un tema que ha cobrado gran espacio en la actualidad, está en debate y se ha estudiado a través de muchos campos y desde muchos ángulos, ya sean políticos, médicos, religiosos, éticos, etc.

Derecho a morir 
Francisco Valdivieso

Se le ha diferenciado con el suicidio, se ha catalogado en pasiva y activa. Sin embargo hay que destacar el origen de esta situación, el por qué existe el concepto, bajo qué necesidad nace, y si estamos en el camino correcto para llegar a un acuerdo.

Hoy se debate sobre la diferencia entre eutanasia, suicidio, suicidio asistido, eutanasia pasiva y activa, pero el origen de todos estos conceptos es al parecer la ideación suicida, vale decir, una persona desea acabar con su vida. Posterior a esto nace el hecho de si puede realizarlo solo, requiere ayuda, y como se le otorga. Y nace la pregunta, ¿por que una persona desearía terminar con su vida?, y de este punto comienza una separación de aguas, entre la biología (la medicina, psicología y otras áreas científicas), y la autonomía (debate filosófico, religioso, legal) .

Comencemos con el tema mejor estudiado, que es el suicidio. El suicidio es un problema ¿cierto? La organización mundial de la salud, (WHO por sus siglas en ingles) posee entre sus programas y proyectos, SUPRE (suicide prevención) el cual tiene como objetivo principal reducir la morbimortalidad del comportamiento suicida1. Informan que en los últimos 45 años las tazas de suicidio han aumentado en 60% en algunos países, que es una de las tres primeras causas de muerte entre personas de 15 y 44 años, y que en el año 2000 aproximadamente un millón de personas fallecieron por suicidio, una mortalidad global de 16 por cada 100.000 habitantes o una muerte cada 40 segundos2. Sin embargo, ¿qué quieren decir con estas estadísticas? Que las personas fallezcan por suicidarse parece un gran problema, ya sean suicidios intencionales o accidentales, ¿pero esas personas desean realmente ser salvadas?

Se estima que el 90%-95% de los suicidios se producen en personas con enfermedad psiquiátrica, siendo el mayor factor de riesgo el trastorno depresivo con un 80% seguido por las toxicomanías, (abusos de sustancias, como alcohol y drogas) y la esquizofrenia. De existir un alto riesgo suicida en una persona, se tiene como “tratamiento” proceder a la hospitalización (incluso involuntaria) y vigilancia, además puede requerirse sedación (con sedantes o benzodiacepinas)3. Por lo tanto en términos generales tratamos a la idea suicida como una enfermedad la cual tiene factores de riesgo y una explicación fisiológica, la cual requiere tratamiento e intervención, y incluso parece lógico pensar que de tener un tratamiento exitoso, la ideación suicida debería desaparecer. La depresión por ejemplo, es un tipo de trastorno del estado del ánimo, el cual se puede tratar en forma eficaz, ya sea unipolar o bipolar, a través de antidepresivos como primera línea (ya sean triciclicos o inhibidores selectivos de la receptación de serotonina), con un 70%-85% de mejoría significativa (en pacientes con depresión mayor), y como segunda línea el TEC (tratamiento electroconvulsivo) con 85% de mejoría4. Sin embargo existe otro porcentaje importante de personas, las cuales no presentan una enfermedad mental la cual les lleve a esa idea suicida, que no desaparece con tratamiento. Estas personas toman la decisión libremente, por lo tanto deja de ser misión de la medicina tratarlos, si no de la sociedad.

Durkheim5 considera a pacientes con enfermedades crónicas, que sufren mucho dolor y no se alivian con tratamiento, como personas con un factor de riesgo para la conducta suicida, pero no la causa de esta. Vale decir, una persona con una enfermedad física la cual le produce dolor intenso y crónico, que es resistente a tratamientos, terminal o incapacitarte, tiene mayor riesgo de desear suicidarse pero no es directamente la enfermedad la que produce la idea suicida (como es el caso de una enfermedad mental), si no que la persona “decide” terminar con su vida puesto que su vida es solo sufrimiento, el cual no mejorara (ya descartada una depresión, situación de abandono y otros padecimientos que se puedan tratar y mejorar).

Entonces, resumiendo, la mayoría de los casos de ideación suicida provienen de trastornos mentales, sin embargo descartando esto, como seres humanos dotados de razón tenemos también la posibilidad de decidir nuestra muerte por motivos validos. Si una persona autovalente comete suicidio y logra consumarlo, no es un hecho aislado, al vivir en sociedad uno establece relaciones, un suicidio trae consigo repercusiones en el grupo familiar, en el trabajo donde desempeñaba una función, incluso costos materiales y de recursos ya sea funeral, posible autopsia, que requiere horas de trabajo de personal calificado, entre otras. Y un intento de suicidio es similar e incluso más costoso objetivamente pues uno puede lesionarse y el sistema de salud debe proveer asistencia médica y psicológica. Por lo tanto fríamente, uno no es “tan” libre de cometer suicidio pues otros deben pagar por eso. Sin embargo imaginemos que la persona suicida financia todo esto, y la familia lo apoya, entonces pareciera ser que no se puede negar. ¿Pero qué sucede cuando la persona no lo puede realizar por si misma, y debe buscar ayuda? Cualquier persona, medico u otro, no puede ayudarlo pues de un modo u otro realiza una acción u omisión la cual lleva a la muerte de otro y de forma premeditada (asesinato, según la RAE)6 lo cual es ilegal.

¿Qué hacer? no podemos dejar a las personas sufriendo indefinidamente tampoco. Una opción sería limitar el esfuerzo terapéutico y darle analgésicos al paciente mientras espera su muerte, pero el tiempo que puede quedarle de vida es siempre indefinido y los analgésicos o incluso opioides podrían no eliminar todo el dolor, además la calidad de vida que se llevaría no sería lo optimo. Otra opción sería directamente inducir su muerte, sin embargo esto no es tratamiento para ninguna enfermedad y es un asesinato directo. Por lo tanto pareciera ser que una opción bastante buena es cambiar la legislación, y en casos bien estudiados, evaluados y aprobados por psiquiatras, y un comité de ética, se realice una inducción de la muerte. El problema de esto último es que se puede prestar para abusos como en el fenómeno de “turismo de eutanasia” que ocurre en Suiza, en el cual extranjeros viajan a este país en busca de ayuda para acabar con sus vidas, pues en Suiza el suicidio asistido no está regulado con claridad en la ley.7

Otra opción sería verlo como sociedad como una “necesidad nueva” a la cual debemos ponernos de acuerdo para dar una solución también “nueva”, crear una nueva función, una persona encargada exclusivamente de responder a esta necesidad, y que la sociedad le de la autoridad para llevarla a cabo, o sea que se encargue de realizar la eutanasia y esté validada por nosotros, sus pares (legislativamente y judicialmente). Esta persona debería tener los conocimientos adecuados y llevar una metodología y una regulación (por comités multidisciplinarios de ética, profesionales de la salud, etc.) para hacer este proceso lo más humano y digno posible, y así dar una evolución social hacia una solución.

Por lo tanto el problema está lejos de solucionarse y requiere una maduración de nosotros como humanidad, y de cómo enfrentamos la vida y la muerte, pues la muerte es lo más propio de la vida. Es un tema que mientras no se solucione, miles de personas en todo el mundo sufrirán grandes dolores por enfermedades crónicas sin solución. Es un asunto que va de la mano con nuestra cosmovisión, por lo tanto hay que debatir y tratarlo con más profundidad, y poner especial énfasis en si las leyes, la ética y la moral en estos casos están a nuestro servicio, o si nosotros estamos al servicio de ellas.

Referencias:

1.- Organización Mundial de la Salud. Prevención del suicidio (SUPRE). Genova: OMS, 2009. Disponible en:http://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/suicideprevent/en/

2.- Organización Mundial de la Salud. Prevención del suicidio (SUPRE). Genova: OMS, 2009. Disponible en:http://www.who.int/mental_health/management/en/SUPRE_flyer1.pdf?ua=1

3.-Manual CTO psiquiatría

4.-Kandel, E. R., Schwartz, J. H., & Jessell, T. M. (2001). Principios de neurociencia (4ʹ ed.). Madrid [etc.]: McGraw-Hill.Interamericana.

5.-Durkheim, Émile, El suicidio (1897), trad. por Lucila Gibaja, Buenos Aires, ed. Schapire, 1965

6.-Real academia española. Disponible en: http://www.rae.es/

7.-Aumentan pacientes que viajan a Suiza para suicidarse, Por Elena Sevillano, El país, 22-08-2014.

Disponible en:http://www.latercera.com/noticia/tendencias/2014/08/659-592407-9-aumentan-pacientes-que-viajan-a-suiza-para-suicidarse.shtml

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