09 Noviembre 2015

Una reflexión sobre la Religión, el Ser Humano y el Medio Ambiente.

una reflexion sobrePor Andrés Finschi Peñaloza, Estudiante de medicina U. Finis Terrae

Hablar de religión, en el actual contexto cultural, produce variadas reacciones: para algunos es un símbolo residual de un pasado a superar; para otros es un elemento más o menos folclórico de los pueblos; y para unos constituye un valor importante, entendiéndola como la experiencia de encuentro con el Misterio. 

La religiosidad es un hecho antropológico. El hombre tiene conciencia de que existe y que él no se fundó a sí mismo, sino que ha sido creado por alguien o algo superior, que tenga la capacidad de crearlo a él y a todo lo que existe. Por tanto, el ser humano es, ante todo, un homo religiosus. Tal como señala Raimon Panikkar[i], “la religiosidad es un hecho antropológico según el cual todo hombre, por el hecho de serlo, tiene una dimensión que lo separa de los animales y le hace darse cuenta de lo infinito, de lo desconocido, de lo que ninguna palabra sabe describir”. Esta premisa no es teología, es historia, antropología e incluso dicho por la arqueología; The New Encyclopedia Britannica[ii] señala que “hasta donde se ha llevado la investigación, considerando todo lugar y tiempo estudiado, nunca ha existido un pueblo que no fuera, de algún modo, religioso”.

Pese a las diversas reacciones frente al concepto “religión”, nadie puede negar que el hecho religioso tiene consecuencias sociopolíticas de gran envergadura.

Siguiendo el mismo tenor anterior, John B. Noss señala que: “de un modo u otro, toda religión dice que el hombre no se basta a si mismo. Esta vitalmente relacionado con poderes de la Naturaleza y de la Sociedad…”[iii]; y podemos señalar, de manera general, que el ser humano, de todas las latitudes y épocas, ha buscado las respuestas de este “misterio”, según el nivel de entendimiento de la época (tal como reza San Agustín “una fe no razonable deja de ser fe, puesto que nadie puede creer en algo si antes no considera que es razonable creerlo”), en la naturaleza misma: busca a Dios en el mundo, en el medio ambiente, en la naturaleza.

De lo anterior, se ha constatado históricamente vastas culturas que tienen un sistema de creencias -una religión- que tienen una base bien fundamentada en valores y principios, que han podido abstraer de su relación con la naturaleza y vida en sociedad. Valores y principios que, vistos desde el día de hoy, podemos señalar que son universales; cada una explicada con sus respectivos mitos locales (medio lingüístico conocido en la época), pero con un mismo trasfondo. De ahí el adagio que señala que “pareciera que existiera un conjunto común de ideas, de la cual cada religión ha sacado sus creencias básicas”.

Existen varios temas que nos unen los unos con los otros (religiosamente hablando), siendo una de ellas la visión similar que tenemos del “ser humano y su relación con el entorno”. En base a dos libros (“El hombre en busca de Dios”, y “Dios y Dioses”)[iv][v], se puede visualizar de manera breve lo siguiente en algunas religiones seleccionadas:

Si vemos el Hinduismo, tienen una costumbre religiosa: creen que al bañarse temprano en  la mañana en un río o en un arroyo cercano, ésta agua le comunicará santidad. Es decir, le reconocen a la naturaleza un valor trascendental. Creen en un solo Dios supremo en el mundo, y tienen varias deidades que representan los poderes y funciones de éste único gran Dios manifestado en estas figuras; a quienes oran por salud, vida y buena fortuna. Esta última se lo piden a la deidad llamada “Ganesa”, que es una persona con cabeza de elefante.

Sus escritos sagrados se encuentran completos desde antes del milenio anterior a la era cristiana, en los Libros Rigveda, Samaveda, Yajurveda y Atharvaveda. Se agregaron en el año 300 antes de la era cristiana las doctrinas de Samsara (transmigración del alma) y Karma (lo que uno hizo en vida anterior, afecta a la vida presente).

Dentro de los conceptos básicos del Hinduismo: el Ahimsa, que proclaman la no violencia, el no matar a otras criaturas y el cuidado de la naturaleza.

Si vemos el Budismo, se sabe que es una religión que busca la iluminación sin creen en un Dios. Se sabe que Buda (Gautama) surgió en el siglo VI anterior a la era cristiana, pero del cual se tiene registro escrito recién en el siglo I después de Cristo. Las enseñanzas que dejó Buda tienen que ver con el significado que tiene la vida. Se le reconoce no como una deidas, sino como un Tathagata (aquel que vino a enseñarnos, aquel que logró la sabiduría). Alcanzada la iluminación, Buda enseñó las Cuatro Nobles Verdades que ayudaran a la salvación, que se logra con esfuerzo personal. En resumen, las cuatro nobles verdades señalan: 1) Toda existencia, realidad y anhelo, trae consigo una experiencia dolorosa; 2) El anhelo y el deseo de tener, conseguir algo, satisfacción de pasiones, conlleva a un sufrimiento; 3) Para no sufrir y no causar dolor (tanto a sí mismo como a otros y la naturaleza) uno ha de dejar de lado el deseo, el anhelo y las pasiones; y 4) Para dejar de desear, anhelar y saciar pasiones, para no sufrir ni causar dolor, se ha de seguir un sendero que sea capaz de controlar tu conducta, tus pensamientos, tus pasiones.

Si bien los budistas no creen en un Dios (Buda señaló no serlo), no significa que no crean en un mundo después de la muerte como los que si creen en un Dios y un Cielo; los budistas si creen en un “más allá”: alcanzar el Nirvana (superar el Samsara y el Karma). Ambas formas de vida religiosa viven inspiradas por valores y principios similares (buscan el bien), pero con conceptos socioculturales distintos: existe una preocupación por uno, por el otro y por la naturaleza.

Si analizamos el Taoismo y Confusionismo, debemos señalar que Tao “camino, método, doctrina. Los asiáticos percibían una armonía y orden en el universo (en el mundo, en su entorno), siendo esto manifestaciones del Tao, dados como una cierta voluntad o legislación divina que regulaba el mundo circundante, de una forma perfecta. Extrapolando esta idea a los asuntos humanos, asumieron que debía existir un modo natural y correcto de actuar en sociedad: respeto a la naturaleza, vivir en paz y armonía, gobernante asegurar la justicia y preocuparse por la prosperidad de todos como nación.

La idea de ajustar al Tao y no estorbar el fluir, es un elemento central de la filosofía y religión en China. El taoísmo es el enfoque místico; por su otra cara, el confusionismo es de carácter pragmático: señala que el orden social se mantiene cuando toda persona desempeña el papel que le corresponde, con esmero y preocupación, cumpliendo con su deber. Es una filosofía religiosa basta y rica en fundamentos; creen en un cielo, son bondadosos y rinden culto a sus antepasados. Esta armonía asegura la paz y el bien, sin dañar a otros ni al medio ambiente.

Dentro de la tradición Judeo-Cristiana, no solo la Iglesia Católica sino que todos los que nos consideramos seguidores de Cristo (Evangélicos, Mormones, Adventistas, Anglicanos, Luteranos, Bautistas, entre otros), también encontramos en los fundamentos de nuestra religiosidad,  pasajes que nos llaman al cuidado de nuestro entorno. Muchos dirán que no está dentro de los diez mandamientos el cuidado al medio ambiente, pero se puede extrapolar del quinto al décimo que el ser humano ha de observar su conducta, así mantener una relación correcta y apropiada con el “Creador”; este creador que está presente en la naturaleza. Por otro lado, también se menciona en Génesis 1,28 que le encomienda al ser humano gobernar la creación; entiéndase gobernar tener el cuidado de ella, hacer que todo sea fructífero y armónico para vivir y alimentarse de ella; sin destruirla.

Si analizamos el Islam, que significa “sumisión a Ala (Dios)”, es decir, ser un cumplidor de las disposición de Dios contenidas en el Corán. Fue Mahoma el precursor de esta fe, quien sin saber leer ni escribir, inspirado por el misterio, transmitió oralmente (y también escribió de manera perfecta), el libro sagrado del Islam, en el año 610 después de Cristo. Dentro de sus textos menciona a Jesús solo como un profeta más, tal como lo ha hecho el Judaísmo.

Dentro de esta fe, se contemplan 5 columnas de la observancia de todo creyente debe cumplir: 1) Repetir el credo, 2) Orar hacia La Meca 5 veces al día, 3) Caridad, entregar parte de sus ingresos para ayudar al prójimo, 4) Ayuno, en señal de purificación en rituales específicos, y 5) Peregrinación.

Todo musulmán debe observar su conducta, que se entremezcla una observancia religiosa, civil y legal, clasificándola en 5 categorías: 1) Deber absoluto (recompensa por obrar, castigo por omisión), 2) actos dignos de elogio (recompensa, sin castigo por omisión), 3) actos permisibles, 4) actos reprensibles (se desaprueban, sin castigo) y 5) actos prohibidos (tienen aparejado un castigo). Por lo cual, al existir una regulación de índole religioso-legal, han de mantener una conducta armoniosa con los demás y el entorno en general.

En conclusión, la visión de hombre y su relación con el medio ambiente es una preocupación de todas las sociedades, en todo tiempo y espacio, indistinto de los códigos religiosos que puedan existir en unos y otros. Lo importante es saber reconocer que la religión en sí, sea cual fuese esta, siempre busca el bien del hombre, el bien de la sociedad, el bien del mundo que nos rodea: la naturaleza.

También podemos señalar, que no es requisito que el ser humano se adscriba a una u otra religión para hacer el bien y cuidar el medio ambiente: “en la medida que los seres humanos sean razonables, de buena voluntad en sus propias opciones religiosas, el catolicismo debe respetar y valorar esas opciones, aun cuando no corresponda a la fe católica misma: porque la razón honesta constituye un lugar teológico donde dios se revela a todos, ofreciendo así un camino de gracia en la forma que solo dios conoce (GS 22). Es decir, una persona de buena voluntad evitará el mal y se inclinará por el bien.

El pluralismo religioso tiene un significado positivo (querido por Dios), y tal como señala el Papa Francisco en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium: “el diálogo interreligioso es una condición necesaria para la paz del mundo, y por lo tanto es un deber para los cristianos, así como para otras comunidades religiosas” (250). Finalizo este escrito complementando esta frase, señalando que no solo permitirá paz en el mundo, sino entendernos y construir juntos un mundo mejor para todos.


 

[1]         Raimon Panikkar, visto:02/11/2015, http://www.raimon-panikkar.org/spagnolo/gloss-religion.html

[1] The New Encyclopaedia Britannica, visto: 02/11/2015, http://global.britannica.com/topic/Encyclopaedia-Britannica-English-language-reference-work

[1]          Noss, J. “Man`s Religions”, editorial Macmillan, USA, 1984.

[1]          Watch Tower Bible, “El hombre en busca de Dios”, International Bible Students Association, 1990, Brooklyn, USA.

[1]          Bentué, Antonio, “Dios y Dioses”, Editorial UC, 2005, Santiago de Chile. 

 

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